Impón umbrales mínimos de agregación por celda y tiempo, inyecta ruido calibrado y aplica supresión cuando el recuento es escaso. Publica fichas de metodología comprensibles y ofrece mecanismos para reclamos. Mantén claves separadas, borrado programado y monitoreo de acceso. La privacidad diferencial no es panacea, pero, bien aplicada, reduce riesgos reales sin apagar señales útiles para la gestión urbana.
Un mapa puede desplazar vendedores sin querer si se anuncia como sentencia. Evita publicar rankings simplistas que consoliden desigualdades. Considera el sesgo de supervivencia: verás a quienes aceptan pagos digitales, no a todos. Complementa con observación directa y encuestas. Diseña intervenciones reversibles, prueba en pequeño y comunica objetivos claros para evitar profecías autocumplidas que dañen sustento y confianza.